Juan Carlos Onetti, La vida breve
1 Un amigo me decía, hace ya tiempo, que Onetti era un gran escritor (qué duda cabe), pero que, como narrador (esa categoría aparte que reclama autonomía), era incapaz de contar siquiera su paso por el almacén. Quizá no sea del todo fácil narrar algo en principio tan banal como ir a comprar un quilo de harina (ahí está La novela luminosa , de Levrero, como referencia obligada en este territorio), pero el propósito del comentario de mi amigo no pasaba por ese tipo de atención a lo trivial-cotidiano sino, simplemente, por la presunta incapacidad de Onetti de narrar: de hacer eso que hacen los que cuentan historias, independientemente de las otras cosas que se hacen cuando se cuentan historias en libros que circulan por ahí como “literatura”. Lo cierto, en cualquier caso, es que La vida breve (1950), que he estado leyendo estos últimos días, se las arregla para contar, a su manera, la historia de un hombre con conflictos de identidad, de una mujer que pasa —con...