Juan Cárdenas, Ornamento
Los flujos del narcocapital aceleraron la producción cultural colombiana: la década de los ochenta como colisionador de hadrones y máquina weird ificadora: la posibilidad de una novela aceleracionista que a la vez sea horror hauntológico. ¿Qué otra cosa podría suceder cuando a un sistema de interacciones culturales que llevaba décadas alimentado por la violencia política se lo somete a un boost acelerador virtualmente sin precedentes, no menos violento, no menos maquínico, y todavía más masivo en términos del capital? Las cosas se vuelven raras. Quizá no debería extrañarnos que si hay algo así como un weird latinoamericano (y el uso del término consagrado por la crítica y el mercado editorial anglo no implica que se esté aludiendo a una clonación estricta sino, más bien, que es factible hackear el término y programarlo para producir significados nuevos) su centro en el presente esté Colombia. Ni siquiera es necesario apelar...