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Muerte por videojuego, Simon Parkin

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Marcianitos asesinos   El 31 de enero de 2012 Cheng Rong-Yu se sentó ante una computadora en un cibercafé de Taipéi para jugar a un videojuego online. Así pasó veintitrés horas, intercalando con el juego momentos en que, tras poner en pausa su desarrollo, dormía algunos minutos frente al monitor. Pero eventualmente una de esas siestas brevísimas se demoró un poco más. Y más, y más, hasta que, (recién) nueve horas más tarde, un empleado del cibercafé se propuso despertarlo. Pero Cheng Rong-Yu había muerto.   Simon Parkin, uno de los reseñistas de videojuegos más importantes del mundo anglosajón, arranca su libro Muerte por videojuego con la historia del taiwanés. Y aporta también otros tantos relatos de muertes ante la pantalla de un juego: hay muchos casos recientes de gamers asiáticos –más adelante en el libro Parkin se refiere a las condiciones sanitarias de los cibers de Hong Kong y Pekín– que colapsan tras sesiones maratónicas de Starcraft, y también, a modo...

Mujer bajando una escalera, Bernard Schlink

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El cuadro, su pintor, el millonario, la mujer y su amante Hasta más o menos la mitad, lo más interesante de Mujer bajando la escalera (en alemán Die Frau auf der Treppe, de 2014) , la última novela de Bernhard Schlink (Bielefeld, Alemania, 1944), es la estupidez de su narrador y protagonista; después (evidentemente no voy a dar detalles de cómo y por qué, para no spoilear ), en el tramo final del libro, ese interés migra hacia la voz de Irene, el personaje femenino central. En tanto esquema parece sencillo: primero importa la manera estúpida e infantil de mirar el mundo que tiene el narrador/protagonista y después, ya cuando es dable cansarse de esas tonterías, logramos que hable el único personaje realmente interesante del libro.   Ese personaje es la mujer desnuda a la que alude el título. El cuadro en cuestión pertenece a un artista ficticio (aunque es, a su vez, un guiño tanto a Desnudo bajando una escalera, nº2, de Marcel Duchamp, como a Ema: Desnudo en una ...

El espíritu de la ciencia-ficción, Roberto Bolaño

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Huele a espíritu adolescente Se puede empezar una reseña de El espíritu de la ciencia-ficción, el último libro póstumo de Roberto Bolaño (1953-2003), preguntándose por el estatuto de los textos que su autor prefirió no dar a la imprenta y de los que, cabe pensar, terminó por desinteresarse; también andan por ahí unas cuentas historias y no menos debates sobre la mudanza de la obra del chileno-mexicano-catalán desde Anagrama (aunque es cierto que Bolaño también había publicado con otras editoriales, Acantilado y Seix Barral entre ellas) hasta la Alfaguara incorporada al grupo de editoriales de Penguin/Random House y el rol de la madre de sus hijos y algunos amigos como el crítico Ignacio Echeverría. Pero no vamos a hablar de eso acá.   Una opción acaso más interesante es proponer una lectura de El espíritu de la ciencia-ficción en relación a Estrella distante (1996) y Los detectives salvajes (1998) , ambas firmes candidatos a la “obra maestra” de Bolaño y de paso do...

El tenis como experiencia religiosa, David Foster Wallace

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Momentos Foster Wallace Habrá quien recuerde que David Foster Wallace (1962-2008) pasó buena parte de su adolescencia jugando tenis y que La broma infinita, su obra maestra, transcurre casi completa en el contexto de una academia de tenis para jóvenes y niños; leyendo Every love story is a ghost story (“Todas las historias de amor son historias de fantasmas”), la biografía de Foster Wallace publicada por D.T.Max en 2012, además, descubrimos que el joven David jugaba un tenis racionalizado, que le gustaba “calcular ángulos y tener en cuenta la velocidad del viento” (página 8 de la biografía mencionada, la traducción es mía) y que por ello, y porque se desarrolló físicamente de manera tardía, sus compañeros más grandes y fuertes lo aventajaron de inmediato, desarrollaron instintos y memoria muscular y David entendió que su juego basado en el pensamiento ya había dado todo de sí, hasta el punto que no volvió a aspirar a convertirse en jugador profesional de tenis y sí, por suer...