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Mostrando entradas de enero, 2011

Mario Levrero, Manual de parapsicología

En 1882 un grupo de pensadores, académicos y científicos fundó en Londres la Sociedad para la Investigación Psíquica, que se proponía investigar con rigor científico –o cientificista– los fenómenos que ahora llamamos “psíquicos” o “paranormales”, hasta el momento propiedad casi exclusiva de los diversos grupos ocultistas. Los miembros de esta Sociedad (entre los que se encontraba por ejemplo William Crookes, pionero de la espectroscopía) dividieron su objeto de estudio en varias categorías de fenómenos, entre ellos la telepatía, el hipnotismo, la posesión y las “apariciones”; de ese acto fundacional, por llamarlo de alguna manera, surgió la ciencia (o pseudociencia) de la parapsicología. Si bien jamás –hasta la fecha al menos– alcanzó esta disciplina el estatus de “ciencia” entre otras maneras de la que lo entiende la epistemología de Thomas Kuhn, hay cierto consenso entre los muchos divulgadores de los estudios parapsicológicos en cuanto a la existencia de un antes y un después del t…

Julio Herrera y Reissig: el camino que no está en los mapas

Cien años después de su muerte todavía es posible representarnos a Julio Herrera y Reissig como un jeroglífico que ha caído fuera de toda Piedra de Rosetta imaginable. No son pocos los territorios que confluyen en la obra de este dandy de las tolderías de Tontovideo: el modernismo, el decadentismo, el romanticismo tardío, el barroco, el expresionismo y una forma larvaria del surrealismo siguen siendo convocados al trazado del mapa, armando una imagen plausible únicamente en su complicada –y problemática- superposición.  En cualquier caso, es innegable su lugar -junto a Rubén Darío y Jorge Luis Borges- entre los más grandes artífices de la literatura latinoamericana, creador de objetos verbales como "y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas / como flechas perdidas de la noche en derrota”, que no solo maravilla desde lo puramente fonético (sesgan agudas golondrinas) sino que suma a esa felicidad la de la imagen insuperable del último verso. Y también aquel final de soneto “surgi…