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Mostrando entradas de junio, 2016

"El inmortal" y otros textos, Jorge Luis Borges

Ruido Blanco 4, varios autores

Haciendo ruido
En los noventas las cosas estaban claras. Los que escribíamos ciencia ficción y fantasía desde la militancia del género sabíamos que el realismo gris a la Benedetti y la novela histórica de moda eran zombis literarios: la verdadera vida estaba en la ciencia ficción, en la fantasía, en el ciberpunk, en la ficción weird.
Después las cosas se complicaron. Quienes habíamos querido animar un Movimiento Uruguayo de Ciencia Ficción y Fantasía, con su correspondiente órbita de revistas, fanzines y convenciones, terminamos descubriendo que no habíamos visto bien el panorama, que en realidad no sabíamos cómo sacar adelante una empresa cultural, que probablemente habría siempre algo esencialmente refractario a la ciencia ficción y la fantasía en el ambiente cultural uruguayo –los lectores del género, después de todo, podían gastar cientos de pesos en libros de Tolkien y Asimov pero miraban siempre con desconfianza algo hecho en Uruguay, porque podía ser marcianitos tomando mate o p…

Orgullo y prejuicio y zombis, Seth Grahame-Smith, y otros mashups

Oona y Salinger, Frédéric Beigbeder

Detalles sórdidos a continuación

En 1942 Salinger salió unas cuantas veces con Oona O’Neill, la hija del dramaturgo. Al mismo tiempo le escribió a Oona unas cuantas cartas, trabajó en un crucero, empezó a publicar cuentos en The New Yorker y, finalmente, fue reclutado para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Estuvo activo durante el Día-D, la Batalla de las Ardenas y la Batalla del Bosque de Hürtgen, y por esas mismas fechas conoció a Ernest Hemingway, entonces corresponsal de guerra. Después de ser asignado a contrainteligencia e interrogar aunos cuantos prisioneros, y de estar entre los primeros que entraron al complejo de campos de concentración de Dachau, Salinger volvió a Estados Unidos recién en 1946, tras trabajar en la desnazificación y pasar un tiempo en un hospital psiquiátrico, aquejado de fatiga de combate severa. A fines de la década descubrió el budismo y publicó, entre otros textos, el inolvidable “Un día perfecto para el pez banana”. Oona, mientras tanto, llevaba ya …

La vida sexual de las gemelas siamesas, Irvine Welsh