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Entradas

Malestares en la ciudad, varios autores, Maximiliano Diel y Guillermo Giménez (comp.)

Esos viejos fantasmas


A estas alturas parece una obviedad señalar que el psicoanálisis, en aquellos lugares donde todavía persiste, terminó por reclamar para sí el lugar de uno de los últimos bastiones de cierto viejo humanismo (es decir, el que englobaría a aquellas filosofías que asumen la existencia de una “naturaleza humana” o una “esencia” de lo humano y que, epistemológicamente, se apoyan en alguna u otra forma de correlacionismo post-kantiano). Por eso no es de extrañarse que en un libro como Malestares en la ciudad, cinco noches de analistas en la polis (que reúne las ponencias de las cinco primeras mesas del ciclo Analistas en la polis, celebradas entre agosto de 2015 y marzo de 2016) deje entrever, aquí y allá  cierta vocación de resistencia o, por verlo desde otro punto de vista, una cualidad de cosa arrinconada que, por suerte, sirve de causa de cierta efervescencia –a través, digamos, de ese “mal estar” invocado por el título– en la retórica y las ideas. A la vez, la lectu…
Entradas recientes

4 3 2 1, Paul Auster

El jardín y la novela
Dicen las malas gentes que los libros que empiezan con un esquema también terminan como un esquema, pero eso no siempre es cierto; sí lo es que el que organiza 4 3 2 1, la más reciente novela de Paul Auster tras 7 años de silencio y una racha de libros más bien flojos (Invisible, Sunset Park, Un hombre en la oscuridad), es en el fondo simplísimo. La cosa es así, entonces: hay una suerte de prólogo a la manera de la novela decimonónica o de la escritura biográfica más tradicional –donde nos enteramos de los abuelos y los padres de Archie Ferguson, que será el protagonista de la historia–, después pasamos después a los primeros años de la infancia de este Ferguson y, eventualmente (página 57), aparece un acontecimiento específico (el robo de unos almacenes) y sus consecuencias. Pero pocas páginas después, bajo la indicación de capítulo 1.2 (el anterior era 1.1) la narración parece arrancar de nuevo desde un poco más atrás y arribamos a aquel acontecimiento específic…

Tiempo muerto, Margarita García Robayo

Lejos de casa

Seguramente la mayor de las virtudes de Tiempo muerto, la más reciente novela de Margarita García Robayo (Colombia, 1980), sea su minuciosa construcción de una atmósfera abrumadora, casi podría decirse infernal por lo oscura y mortecina. Página tras página, a medida que va cristalizando la historia del amor evaporado, agonizante entre Lucía y Pablo, una pareja de latinoamericanos de la diáspora, empezamos a sentirnos inmersos en esa tensión, en sus mezquinidades, sus desencuentros y choques. En ese sentido, la novela es básicamente eso: ese ambiente opresivo por el que se mueven los personajes, que lo modelan, lo deforman y lo espesan: un ambiente al que han de algún modo caído, como si hubiesen dejado la utopía de un hogar (sea un lugar físico, una casa, un barrio, una ciudad o un país, o ese que se siente y se ensambla en/desde el amor de pareja). Y si bien esto queda claro desde las primeras páginas –el estilo de García Robayo es austero y expresivo, y carga con una bu…

Mi novia preferida fue un bulldog francés, Legna Rodríguez Iglesias

Aquel solitario universo cubano
Si Cuba es –y lo es– un universo paralelo, cabe esperar que sus escritores, los nuevos al menos, escriban una literatura extraña. Y algo de eso hay. Basta con hojear la imprescindible antología Malditos bastardos - Diez escritores cubanos que no son Pedro Juan Gutierrez ni Zoé Valdés ni Leonardo Padura ni… (2014) para sentir la gravitación de un universo pop que no es exactamente el que damos por “nuestro” (porque está ordenado de otra manera, o porque sus ruinas han caído para otro lado) y que logra fascinar tanto como la mejor novela Atompunk, testigo de (por ejemplo) un presente alternativo en el que la Unión Soviética triunfó en la Guerra Fría –y cayó en los primeros años del siglo XXI. Los nombres a tener en cuenta –y a indagar, ya que el mayor problema acá es acceder a estos libros– son ante todo Jorge Enrique Lage (cuya novela La autopista: the movie está entre lo mejor de la narrativa latinoamericana del siglo XXI), Ordany Morales, Anisley Negrín…

Volver al oscuro valle, Santiago Gamboa

Volver a las ciudades espléndidas

Hay que leer a Santiago Gamboa. No sé –ni tengo ganas de ponerme a especular sobre ello ahora– por qué su obra permanece algo menos presente para los lectores locales que las de otros de sus colegas hispanoamericanos y compañeros de generación (Rodrigo Fresán, Edmundo Paz Soldán, Jaime Bayly, Alberto Fuguet, Ray Loriga), pero está claro que su recientísima visita a la 40 Feria Internacional del Libro de Montevideo ofreció la ocasión perfecta para que fuera distribuida al menos su última novela y se pudiera escuchar por ahí a este colombiano que dejó su país a los 19 años, estudió en Madrid y en París y fue diplomático en India, por ofrecer un esquema demasiado básico de sus desplazamientos por el mundo (a quienes les interese esa faceta les conviene procurar el precioso libro de viajes Ciudades al final de la noche, que lamentablemente no se consigue en plaza pero, Internet mediante, no es imposible de adquirir). Quizá pensar en ese impulso nómade o cos…

A new career in a new town, David Bowie

Volver a chocar el mismo auto

A fines de 1976 David Bowie quería escapar de Estados Unidos. Había pasado allí casi dos años y grabado tres álbumes, al menos uno de ellos (Station to station) entre los generalmente considerados cuatro o cinco mejores de su discografía. También había actuado en The man who fell to earth, la película de Nicolas Roeg, e intentado colaborar en su banda sonora. A la vez, habían sido años de abuso de sustancias –cocaína más que nada– y de alimentarse con no otra cosa que leche y morrones. Las paranoias de la merca y la mala nutrición (que lo llevó a pesar alrededor de cuarenta quilos) tuvieron sus consecuencias: Bowie se obsesionó hasta el delirio con el esoterismo y las teorías conspirativas, la magia negra y los OVNI, lo que llegó a ocasionar múltiples mudanzas (por miedo a las manchas misteriosas en el fondo de una piscina), huidas a toda velocidad por las calles de la ciudad debido a que se había escapado de un aquelarre de brujas que pretendía conservar …

La procesión infinita, Diego Trelles Paz

eLa senda de los detectives

Una manera especialmente interesante, me parece, de leer La procesión infinita, la tercera y más reciente novela de Diego Trelles Paz (Lima, 1977), es a partir del otro libro publicado este año por su autor, el ensayo Detectives perdidos en la ciudad oscura, que lamentablemente no se consigue en Montevideo (pero sí la novela). En sus páginas Trelles Paz propone y desarrolla la noción de “novela policial alternativa hispanoamericana”, un “modelo en formación dentro de la rama de la literatura detectivesca que nace de la necesidad de conciliar la incompatibilidad manifiesta entre la ideología, el imaginario y los mecanismos narrativos presentes en la novela policíaca, mayoritariamente anglosajona, y la compleja realidad de los países latinoamericanos” (p.363) y que encuentra en Borges a un precursor, pasa por la obra de los mexicanos Vicente Leñero y Jorge Ibargüengoitia y desemboca en Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, su primer momento de plena real…