Las Furias, Renzo Rossello
La ciencia ficción uruguaya parecería
dividirse en dos provincias casi incomunicadas: por un lado están los
escritores mainstream (o de
“literatura general”) que han visitado al género en alguno de sus libros, casi
con el gesto de un turista de paso; por otro, los autores con vocación más
militante, más cercada por las barreras del gueto, más volcada a la gestión de
revistas, fanzines y espacios de divulgación específicos. Entre los primeros
están Ercole Lissardi (Interludio,
interlunio), Pedro Peña (Eldor) y
Natalia Mardero (Guía para un universo);
entre los segundos hay que contar a Roberto Bayeto (En la tierra donde viven los dragones) y a Pablo Dobrinin (Colores peligrosos). Ahora, con su libro
Las furias, Renzo Rossello (Montevideo,
1960) se suma al primer grupo –el de los “visitantes”, por llamarlo de alguna
manera, el de, parafraseando a Rodrigo Fresán, quienes escriben libros “con”
ciencia ficción en lugar de libros “de” ciencia ficción.
La editorial que lo publicó, Estuario Editora,
hay que señalar, omite a nivel de los paratextos cualquier referencia posible a
la ciencia ficción; llama la atención, por tanto, que en un libro bastante más
alejado del género como Cuentos de tripas
corazón, de Leandro Delgado, la calificación genérica (“fantasía y ciencia
ficción”, leemos en la contraportada) sea mucho más evidente. A la vez,
Estuario ha apostado por la novela policial en su colección Cosecha Roja (donde fue reeditada Trampa para ángeles de barro, del propio
Rossello), de modo que el gesto de eludir nombrar la ciencia ficción (en un
libro en que la lectura de sus clásicos asoma por todas partes) se convierte,
sin lugar a dudas, en un punto de
partida para reflexionar sobre el estatus de este género en la narrativa
uruguaya.
En cualquier caso, basta con recorrer las
primeras páginas de Las furias para que
resulte más que claro que Rossello hace uso de un verdadero museo de tópicos
cienciaficcioneros: artefactos alienígenas un poco a la H.P.Lovecraft,
conspiraciones, la posibilidad de predecir el futuro de un individuo a través
de sus genes, mutantes, guerras del futuro, nuevas enfermedades y epidemias,
viajes en el tiempo… cada uno de estos lugares comunes de la ciencia ficción
clásica aparece en este libro bajo la forma del asunto central de un capítulo.
En ese sentido, es especialmente notorio que Las furias no es tanto una novela como una colección de cuentos,
presentados con una historia que les sirve de eje (la desaparición de un
periodista y su búsqueda a cargo de un colega sueco, que va armando una suerte
de diario –“cuaderno de viaje”– de su misión), y ahí está uno de los mayores
defectos del libro de Rossello: la proliferación de relatos –tan acotados cada
uno de ellos a un tema, a un tópico en particular– crea la sensación de un
futuro de parque temático de la ciencia ficción clásica, un poco lo que pasa
con Futurama (donde capítulo a
capítulo se nos presentan, incansablemente, tanto referencias a obras puntuales
como lugares comunes del género) pero sin el evidente tono humorístico y
paródico. El resultado resulta un poco irreal, quizá, un poco artificioso,
especialmente si lo comparamos con esfuerzos más recientes en el género de
“futuro cercano y creíble”, entre ellos La
chica mecánica, de Paolo Bacigalupi. Se trata, por supuesto, de una lectura
desde la ciencia ficción, desde una
opción de lectura –más “militante”, más de género– que examina un libro
producido por un autor mainstream
desde un corpus vasto y complejo que parecería resultarle ajeno, inexplorado o
recorrido para nada a fondo y con poco “rigor”. Algo similar, de hecho, sucedió
en su momento con Eldor, de Pedro
Peña: las críticas especializadas (en la revista argentina Cuásar, por ejemplo) no dejaron de señalar lo ingenuo de la ficción
de Peña, que parecía encapsulada en las fronteras de la ciencia ficción y la
fantasía como eran entendidas por los tiempos de Ray Bradbury y fallaba, en ese
sentido, a la hora de convertirse en una incorporación válida a una serie
literaria que ha dejado atrás hace tiempo (en cuanto ante todo a la capacidad
de sorprender a través de la incorporación de nuevos tópicos o mediante una
deconstrucción o vuelta de tuerca de los tópicos consabidos) al autor de Crónicas Marcianas –no necesariamente,
cabe aclarar, en relación a ese
espejismo que podríamos llamar la “calidad literaria”.
Sin embargo, leer Las furias es una experiencia literaria de primer orden. No sólo
presenta Rossello sus historias con pulso firme y solvencia sino que, en
general, los relatos siempre son interesantes y, lo que es más importante, a
veces –quiero decir: no pocas veces– maravillan. El nivel quizá no sea
precisamente homogéneo; pensando al libro como una colección de cuentos (donde
lo heterogéneo es lo más esperable) cabría señalar que hay algunos excelentes
(“El hundimiento del edificio Excelsior”, por ejemplo, y también “Juicio al
monstruo nonato” y en particular “Mientras llueve sobre Ciudad Gótica”), que
entrarían cómodamente en una antología de los mejores cuentos uruguayos de las
últimas décadas, y también algunos de segundo orden (“Alguien en la puerta”,
“Toda la verdad sobre el proyecto Kurtz”), a la vez que ninguno da la sensación
de quedar al nivel de un cuento fallido. Es cierto que cabrían pequeñas
objeciones: los diálogos a veces no suenan del todo naturales o creíbles, por
ejemplo, y en algunas ocasiones a Rossello se le escapa que el narrador se
demore en datos de tipo “histórico” (es decir el equivalente de “cómo se llegó
a esta situación”), útiles para el lector pero, a la vez, carentes de mayor
justificación a nivel de la ficción (después de todo, el narrador es un “cronista”
y, por tanto, escribe para sus contemporáneos, que no necesariamente necesitan
ser recordados de hechos pertenecientes a su pasado inmediato).
Quizá el libro se habría beneficiado de una
presentación diferente: como colección de relatos no necesariamente
incorporados al mismo “universo”, en tanto hacer lo contrario –darles el marco
novelístico, digamos– termina generando esa sensación de “parque temático”
comentada más arriba, ese futuro hipercargado de tópicos literarios y, por
tanto, artificial. Quizá la editorial se preguntó cómo vender un libro de
cuentos de ciencia ficción y la respuesta fue que sería más fácil apostar a una
novela... Pero se trata, evidentemente, de una especulación que no tiene mayor
importancia.
Las
furias, en resumen, con sus pequeños defectos y
notorias virtudes, es uno de los mejores libros de narrativa publicados en
Uruguay en 2012. Ya pensando en términos de ciencia ficción, es sin duda uno de
los trabajos más interesantes publicados en las últimas décadas, más allá de
que un lector especializado podría objetar que no incluye novedades notorias y
que la mayoría de los tópicos pertenecen a una ciencia ficción preciberpunk. A
la vez, leído en relación a la carrera de Renzo Rossello, se trata de una
apuesta exitosa por la versatilidad, la riqueza y el buen hacer narrativo.
Publicada en La Diaria el 3 de enero de 2013
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