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ciencia ficción uruguaya

La generación subterránea

Diagramando una historia hipersimplificada de la ciencia ficción en lengua inglesa podría decirse que existe un conjunto de precursores (Mary Shelley, Poe, Wells), una primera generación “clásica” que consolida el lenguaje del género (Asimov, Clarke, Bradbury, Heinlein), una segunda promoción “parricida” que asalta los cimientos del género (Dick, Ballard, Aldiss, Silverberg, Delany), un intento de restauración o heterogéneo retorno al ideal clásico (Scott Card, Niven, Varley, Gibson) y una posthistoria, en la que se encontraría el género en la actualidad, dominada por figuras de la literatura mainstream que incursionan en la ciencia ficción y logran generar las ficciones señeras de su época (Chabon, Stephenson, Mitchell).
Por supuesto que esta extrema esquematización de un proceso histórico sumamente complejo dista de ser satisfactoria (cuesta incorporar a Angela Carter y a Doris Lessing, por ejemplo, y no ofrece un modelo realmente adecuado del rol cumplido por Philip Dick o Robert Silverberg); sin embargo, en sus formas simples y de alto contraste nos permite contar con una especie de plantilla sobre la que ensayar el trazado de líneas sobre esa dispar sociedad de escritores que conformarían la “ciencia ficción Uruguaya”.
Cabría pensar entonces en ciertos precursores (Quiroga, Piria), en algo parecido a los clásicos (Federici, Mainero, Terra Arocena), en un grupo de “revolucionarios” (Bayeto, Pastrana, Dobrinin), los subsiguientes “restauradores” (Peña, Mardero, Aldecosea) y, por qué no, en algunos escritores en vías de consagración que han incursionado o incursionan, a su manera, en algo que podríamos llamar ciencia ficción, por ejemplo Horacio Cavallo con su cuento “Cenizas” (de la muestra Esto no es una antología). ¿Demasiado simple? Es evidente que sí. No deja claro, por ejemplo, el lugar de Carson, Solari o Grompone, que parecerían ubicarse entre el grupo de Mainero y Federici y el integrado por Bayeto y Dobrinin. Dicho esto, no deja de ser posible tomar este sencillo modelo como punto de partida y profundizar en algunos de sus sectores.
Salta a la vista, por ejemplo, que de todos los nombres mencionados, los del tercer grupo son los más desconocidos. De hecho, ni Bayeto ni Dobrinin han publicado volúmenes por completo de su autoría en nuestro país, habiendo obtenido sin embargo reconocimientos internacionales de alto prestigio. Cabría hablar entonces de una “generación subterránea” o “escondida”, de notoria visibilidad, sin embargo, desde una perspectiva del género a nivel hispanoamericano. No deja de ser curioso, además, que esta promoción de escritores haya acometido el único intento de formar un “movimiento Uruguayo de ciencia ficción y fantasía”, cuyo órgano habría sido la desaparecida revista Diaspar, que apenas logró encarnarse en tres números, separados el primero y los últimos por seis años (1989, 1995). Ana Solari (Zack, 1993, Zack-estaciones, 1993, El sitio donde se ocultan los caballos, 1996, Apuntes encontrados en una vieja Cray, 1998), si bien “generacionalmente” podría ser reclamada por este grupo, está claro que ha disfrutado de otra presencia en el ambiente cultural, seguramente motivada en gran medida por las condiciones de visibilidad de los textos narrativos en nuestro país, tema que excede, y por mucho, los límites de esta nota. El propósito “parricida” mencionado en relación a la generación de Ballard, Aldiss, Herbert y otros parecería encontrar, también, una notoria correspondencia con nuestra “generación subterránea”, seguramente motivada por la configuración de sus influencias (Ballard y Herbert como figuras señeras, en lugar de los consabidos Asimov, Bradbury y Clarke) y evidenciada por el carácter más experimental de sus narrativas y por una clara voluntad programática. Sin ir más lejos, Pablo Dobrinin, a quien podemos considerar el más riguroso historiador de la CF en nuestro país, hablaba allá por 1995 de los “Tres Mosqueteros de la CF uruguaya –Pastrana, Bayeto y Rodríguez- (…), los tres new wave de ese entonces, donde la estructura de los otros autores del medio tendía a lo clásico”; del mismo modo, desde la editorial de Diaspar 2 y Diaspar 3 (ambas suerte de “manifiesto” del pretendido “movimiento Uruguayo de Ciencia Ficción y Fantasy), se hacía explícito un rechazo a la cultura oficial u oficializada, reforzando la condición de outsiders desde la que era producida su escritura.
Hasta la fecha solo se registra la supervivencia (dentro y deliberadamente del género) de dos escrituras de este grupo (que incorporó además a Claudio Pastrana, Pablo Rodríguez, Hector Álvarez y otros –recogidos muchos de ellos en el compilado Más vale nunca que tarde, editado por Banda Oriental), las de Roberto Bayeto (1963) y Pablo Dobrinin (1970); este último, por ejemplo, ha aparecido con asiduidad en los últimos años en las páginas de Axxón (revista online argentina que puede encontrarse en el site www.axxon.com.ar) y Sinergia (www.nuevasinergia.com.ar) en calidad de articulista y narrador. También fue seleccionado en el 2004, junto a Bayeto, para integrar la versión española del Asimov’s, quizá la revista de ciencia ficción más importante en lengua inglesa. De Bayeto cabe resaltar dos novelas cortas, Hackers, publicada en 1997 en Axxón, y En la tierra donde viven los dragones, que apareció en la mencionada revista Asimov’s, edición española. Cuentos de ambos aparecieron en Diaspar, números 1, 2 y 3, y en la más reciente Días extraños, una revista de política y cultura con un marcado sesgo cienciaficcionero que alcanzó apenas un segundo número en el 2003. Se mantienen en activo, engrosando su arsenal de novelas y cuentos inéditos, algunos de ellos paseados sin mayor éxito (o indefinidamente postergados) por editoriales de Montevideo.
Si pensamos en una generación posterior tenemos que considerar la novela Guía para un universo, de Natalia Mardero, y la recopilación de relatos Eldor, de Pedro Peña, que mereció el decimotercer premio nacional de narrativa “Narradores de Banda Oriental”, convirtiéndose en uno de los pocos autores uruguayos que han incursionado en la CF y obtenido un premio de peso en el ambiente literario local. Es interesante resaltar que la mencionada Natalia Mardero también ha logrado escapar de la “invisibilidad” de la generación de Bayeto y Dobrinin, manteniendo una presencia de clara notoriedad en la “ciudad letrada”. ¿Está aquí el “futuro de la CF Uruguaya”, o a la CF Uruguaya en cuanto género diferenciado o diferenciable?
Es posible que la respuesta sea algo parecido a un no.
Para indagar esta última afirmación se vuelve necesario dar unos cuantos pasos en reversa y mencionar al gran ausente (hasta ahora) de estas líneas: Mario Levrero. Está claro que si se tratara de incorporarlo al canon de la CF uruguaya encontraríamos al menos dos argumentos a favor: 1) revistas de notoria relevancia para la historia de la CF y la literatura fantástica en el Río de la Plata como El péndulo y La revista de fantasía y ciencia ficción publicaron cuentos y novelas cortas suyas (El lugar, sin ir más lejos, vio la luz por primera vez en las páginas de El péndulo, número 6, 1982); y 2) al menos dos prestigiosas antologías (Lo mejor de la ciencia ficción latinoamericana, Barcelona, ed.Martinez Roca, 1982, y Latinoamérica fantástica, Buenos Aires, Ultramar, 1985) incorporaron relatos de su autoría, “certificando” o “legitimizando” de alguna manera la inclusión de su obra –o parte de ella- dentro del género. Levrero, sin embargo (ver el reportaje que le hiciera Elbio Gandolfo en el número mencionado de El péndulo), siempre manifestó que su obra, y en particular El lugar, no es incorporable a la CF por carecer de dos elementos esenciales para permitir la inclusión: la intención comercial (es decir, que la obra haya sido escrita pensando en su carácter de ciencia ficción) y “la inclusión de una explicación más o menos científica de los hechos que ocurren”, y nada de esto, afirma, se cumple para El lugar. Tampoco, podemos pensar, se verifica para otros cuentos que fueron de alguna manera deslizados hacia la CF, como por ejemplo la novela corta Gelatina o el texto inclasificable Caza de conejos.
Sería muy fácil discutir esta idea, diciendo por ejemplo que CF es lo que se publica bajo el rótulo CF y no necesariamente lo que se escribe bajo tal denominación (aludiendo también a lo dudoso que es hablar de la “intención” del autor, sea o no “comercial”) o señalando ejemplos notorios de obras consagradas e indiscutiblemente pertenecientes a la CF donde no se verifica ningún tipo de “explicación más o menos científica”.
No deja de ser interesante tomar la afirmación de Levrero como un síntoma uruguayo. Porque está claro que los escritores que más han cargado sus tintas en declarar su “intención comercial” de escribir CF –nuestra “generación subterránea”-, y que, además, se han preocupado por incluir esas explicaciones más o menos científicas que parecerían ser la marca del género (o en negarlas explícitamente, desde un marcado “esto es CF a pesar de no tener tal y cual elemento científico o pseudocientífico”) son los que menos éxito (en el sentido de volverse visibles o de ser incorporados de una manera u otra a alguna formulación con pretensiones de canon) han tenido. Desde esta perspectiva, muchas obras que no habríamos dudado en incorporar a la CF (la citada de Pedro Peña, o el cuento mencionado de Horacio Cavallo) chocan con la doble criba Levreriana: Eldor parece declararse CF pero carece de cualquier forma de “explicación científica” (hasta el punto en que algunos de los cuentos que componen el volumen se vuelven completamente naive como CF) , y “Cenizas” (que podría ser leído en la tradición del clásico cuento “Los que se alejan de Omelas”, de Ursula Leguin) no parece hacer ningun tipo de gesto que permita afirmarle una intención de ser asimilada al género.
¿Cuál es el futuro entonces de la CF uruguaya, si es que lo hay? Podemos arriesgar una hipótesis: Si miramos el panorama global del género encontramos, como era señalado al principio de este artículo, que los autores que ganan los premios más relevantes, que las novelas más leídas y traducidas a otras lenguas, al cómic o al cine, son, precisamente, las escritas por autores que en principio no “pertenecen” a la CF. Amélie Nothomb con Acido sulfúrico¸ por salirnos de la tradición de lengua inglesa, sería un buen ejemplo, pero también los ya mencionados Chabon (El sindicato de policía Yiddish, premio Nebula 2008) y Mitchell (la sección quizá más memorable de El atlas de las nubes es CF en una de sus expresiones clásicas, la de la distopía a la Orwell o Huxley). ¿Querrá decir esto que la CF está a punto de ser del todo asimilada a la narrativa general, que estamos presenciando su muerte en tanto “género” y su resurrección en tanto “escritura” a secas? ¿Y, a su vez, que estos procesos encuentran su “reflejo” en las prácticas de los autores nuevos/jóvenes/emergentes de nuestro país?


Publicado en La diaria, 10/10/2008

Comentarios

  1. Excelente paseo por la banda oriental de la imaginación! podemos reproducirlo en nuestro sitio de rescate y difusión de CF y Fantasía desde Chile: http://www.puerto-de-escape.cl/
    Recibe mis saludos de otro mundo!

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