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Santullo & Bentancor, Aquel viejo tango

Policial en tono menor



Hasta la fecha, Martín Bentancor (1979) ha publicado la novela La redacción (Sudestada, 2010), el cuento largo El despenador (La Propia Cartonera, 2010), el compilado de cuentos Procesión (Sudestada, 2009) y, en colaboración con Rodolfo Santullo, la novela Las otras caras del verano (Amuleto, 2008), a la que se suma la reciente Aquel viejo tango, publicada por Estuario Editora para su colección Cosecha roja. Quizá el más interesante de estos trabajos sea el cuento largo El despenador, que se acerca con inteligencia y originalidad a la ficción de corte histórico a la vez que reescribe una escena de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato, y le guiña un ojo al Borges de “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874). Aquí Bentancor despliega una historia ambientada en la Guerra Grande, a través de un diálogo espasmódico en un bar perdido en alguna periferia, tanto del espacio como del tiempo, en una prosa densa, de respiración profunda y llena de detalles o destellos que terminan por convertirse en lo más memorable del texto. Sus otras ficciones (a las que hay que sumar los cuentos “El fin de la infancia”, en el decimoprimer volumen del concurso “A palabra limpia”, organizado por B’nai B’rith, el excelente “Obituario” y “Los huesos”, ambos en despareja muestra De acá, compilada en 2008 por Pablo Trochón y publicada por la editorial Rebeca Linke) muestran un narrador versátil, con altibajos (especialmente en el libro Procesión, que incluye un cuento excelente –el que da nombre al libro– y una serie de viñetas no del todo bien logradas) pero, a la vez, con soltura y momentos brillantes.
En cuanto a Rodolfo Santullo (1979), su producción está repartida entre la narrativa gráfica y la literatura. Además de las colaboraciones con Bentancor ha publicado las novelas Cementerio norte (Trilce, 2009) y Sobres papel manila (Estuario Editora, 2010, también en la colección Cosecha roja), y el volumen de cuentos Perro come perro (Artefato, 2006), más las novelas gráficas Valizas, Cena con amigos, Acto de guerra y Los últimos días del Graf Spee, y los compilados de relatos gráficos Monstruo y Crímenes; para el futuro cercano su editorial (Grupo Belerofonte) ha anunciado al menos tres nuevos títulos: Dengue (con Matías Bergara, al igual que Acto… y Los últimos días…), Zitarrosa y El club de los ilustres, las tres distinguidas con Fondos Concursables del MEC.

Gangsters e influencias

Aquel viejo tango cuenta una historia relativamente sencilla, con un par de vueltas de tuerca. Los personajes son figuras más o menos estilizadas tomadas de los clásicos del género: el “buen ladrón” que cumple su condena en la cárcel y jamás traiciona a sus compañeros (como el personaje de Michael Madsen en Perros de la calle, de Quentin Tarantino), el “grandote” psicópata y traidor, el hermano que insiste para que el protagonista regrese al crimen, la mujer que exige que “esta sea la última vez”, etc. Esta estilización (que trata a los personajes de la novela como si se tratara de las figuras de la Commedia dell’arte) es visible también en otros trabajos de Santullo (el cuento que da título a Perro come perro, por ejemplo, y, quizá de un modo todavía más notorio, Los últimos días del Graf Spee); aquí aparece como un recurso o herramienta bien empleado, que contiene el cauce de la narrativa con buen pulso.
La brevedad del texto es un punto a favor, sin duda. Casi parecería un cuento largo, de hecho, y su circularidad (el libro comienza y termina con el encuentro de uno de los personajes con el narrador) parece reforzar esa idea. Las referencias a los clásicos del género no son pocas, y se rinde tributo a Jim Thompson, particularmente a su novela Savage night (1953, publicada en castellano como Noche salvaje), que aparece entre los libros de El Moncho, el gangster más poderoso de la novela y otra figura estilizada y funcional, en este caso el criminal culto y elegante que controla todo y actúa un poco como deus ex machina para precipitar el cierre de la trama.
La novela abre con una cita de The sound and the fury (El sonido y la furia), de William Faulkner, y está dedicada a “Jim” (Thompson, seguramente) y a “Sam” (¿Peckinpah? ¿Spade? Quizá el primero). La película Reservoir dogs (Perros de la calle), de Quentin Tarantino, con su relato de un plan frustrado con “soplón” incluido, es una de las presencias más notorias.
Otro de los aciertos del libro –además de algunos climas en los que asoman los tonos menores de un tango– es la soltura con la que se incluyen elementos rioplatenses o, más específicamente, uruguayos. La presencia del barrio de Melilla, por ejemplo, remite a otras ficciones de Santullo, “Perro come perro” en particular, y algunas descripciones de camaradería entre amigos sugieren escenas de Cementerio norte y Cena con amigos. En relación a la narrativa de Bentancor, está más cerca del estilo más bien conciso de La redacción que del elegante barroquismo de El despenador.
La ambientación montevideana (se menciona el barrio “de los judíos”, por ejemplo) es también el sesgo que vuelve a Aquel viejo tango un texto interesante y no un ejercicio con aire a producción en serie que atienda a cuatro o cinco clichés de género y se gane a los lectores acérrimos (¿y vetustos?) de novela negra; sus defectos (cierta desprolijidad de estilo, por ejemplo, y alguna que otra torpeza en las descripciones) no atentan contra el placer de la lectura, sino que más bien parecen remitir a cierto lenguaje asociado al pulp traducido al castellano y aportan a esa estilización de la que hablaba más arriba. En resumen, un libro entretenido, con aciertos atendibles, pero quizá un poco menor al compararla con lo mejor de sus autores: Cementerio norte y Valizas en el caso de Santullo y El despenador en el de Bentancor.

Publicada en La Diaria el jueves 27 de octubre de 2011
Martín Bentancor y Rodolfo Santullo, Aquel viejo tango, (Montevideo: Estuario Editora, 2011)

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