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Muestrario argentino


Muestrario argentino

Lamentablemente no es fácil acceder desde Montevideo a buena parte de la más reciente narrativa argentina. Dejando de lado los libros lanzados por sellos multinacionales (y de estos tampoco llegan sino unos pocos, los de los autores más digeridos y consagrados) es mínimo el número de librerías en las que es posible encontrar publicaciones de editoriales nuevas, pequeñas o independientes.
Además, en los últimos diez años, gracias a nuevas tecnologías de edición e impresión y a las posibilidades de difusión y gestión abiertas por las redes sociales, la literatura argentina ha visto una notoria proliferación de editoriales, algunas de ellas (Reina Negra, Melón) incluso sacadas adelante por una única persona, que hace las veces de editor, diagramador, lector y gestor. El resultado, por supuesto, es la aparición en el mercado de libros que bajo otras circunstancias jamás habrían visto la luz; libros, si se quiere, marcadamente idiosincráticos o incluso desafiantes, que instauran un nuevo diálogo con el canon.
2013, entonces, fue un año especialmente fértil desde este punto de vista. Por ejemplo, las editoriales Pánico el pánico y milena caserola –ya consolidadas en la escena porteña– propusieron narrativa y trabajos de no-ficción que vale la pena tener en cuenta a la hora de pensar en la nueva literatura argentina o, por qué no, rioplatense.
La primera de las editoriales mencionadas lanzó Boutade, de Juan Manuel Candal, una nouvelle fácilmente incorporable a esa suerte de subgénero narrativo integrado por relatos de desamor o separación pero que, además, juega en este caso a repensar la relación autor-lector mediante la provocación más punk y el ingenio. Y otro título especialmente interesante lanzado por esta editorial en 2013 es Nunca menos – covers de la literatura argentina, en el que Esteban Dipaola y Luciano Luterau compilan cuentos propuestos como reversiones de textos consagrados o cercanos al canon o, mejor, a un nuevo canon armado con ficciones de Juan Terranova, César Aira, Fogwill, Saer, Sarmiento y Fabián Casas; de hecho, Ariel Idez, uno de los participantes del libro (junto a Christian Broemmel, C.Castagna, Esteban Castromán, Esteban Diapola, Pablo Farrés, Facundo García Valverde, Matías Pailos y Ever Román) publicó –en 2011 y también por Pánico el pánico– la excelente novela La última de César Aira, que resignifica la maquinaria productiva del autor de Embalse y logra imponerle, conceptualmente al menos, un límite a esa vasta serie. Proponer que el nuevo canon no sólo pasa por Aira, Fogwill y Saer sino, además, por Casas y Terranova, es, en cualquier caso, una afirmación controversial y sumamente atendible.
De los escritores que participan en Nunca menos, Pánico el pánico publicó además en 2013 a Facundo García Valverde (con la novela Un género como cualquier otro) y, en 2011, a Matías Pailos, con la sugerente Cómo no pensar en mí, novela que ensaya –con éxito desigual– diversos procedimientos metanarrativos a la vez que dialoga (y esto, por supuesto, es esencial a la hora de pensar en la nueva narrativa rioplatense) con el Mario Levrero de La novela luminosa.
En cuanto a milena caserola, vale la pena destacar de su trabajo en 2013 dos libros de crítica. El primero de ellos fue Los gauchos irónicos, de Juan Terranova, un compilado de ensayos sobre literatura y cibercultura que incluye lecturas fascinantes de la llamada “trilogía argentina” de Pablo Katchadjian (El Martín Fierro ordenado alfabéticamente, El Aleph engordado y la novela Qué hacer) y de la novela Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued (2010), además de –entre otros textos– una interesante reflexión sobre las diversas antologías de narrativa “joven” aparecidas en Argentina durante los últimos años.
Más hacia fin de año apareció Kurt Vonnegut, manual para el usuario, de Luciano Alonso, poeta y crítico especialmente notorio en la web gracias a su Blog del librero humanoide. El Manual… está propuesto como una revisión exhaustiva de la obra de Vonnegut, detallando argumentos y personajes e incorporando además una útil sección sobre adaptaciones cinematográficas, formato que Alonso ensayó en 2011 con la obra de Philip K. Dick.


Para seguir en la línea de la no-ficción, otro de los libros más atendibles del 2013 fue Recuerdos de Córdoba, de Flavio Lo Presti, publicado por la novísima editorial China Editora. La propuesta de Lo Presti fusiona la crónica y la crítica literaria, y nos ofrece –como el libro recién mencionado de Juan Terranova– un sugerente panorama de la literatura argentina reciente. Pero quizá el mayor interés de este libro está en la manera en que va logrando, por decirlo de alguna manera, proponer algo más, un relato, una suerte de autobiografía, siempre a través de las lecturas y el diálogo con ciertos escritores. Entre las mejores páginas de Recuerdos de Córdoba, entonces, están las dedicadas a Busqued, a Ercole Lissardi y a César Aira.
Volviendo a la narrativa, la novela más interesante publicada por un autor emergente (o “joven”) en 2013 fue sin lugar a dudas La masacre de Reed College, de Fernando Montes Vera,  que inauguró la sección “sin traducir” del catálogo de Dakota Editora tras obtener el primer premio en el concurso de narrativa propuesto por la editorial (con Pola Oloixarac, Oliverio Coelho y Romina Paula como jurados). La masacre… se inmiscuye con la vida en el mundo real de los académicos (el protagonista, por ejemplo, trabaja en diversos call centers antes de acceder a una oportunidad en la universidad del título) y, también, con los sinsabores de la vida académica. En cualquier caso, lo que podría haber quedado resuelto en una narrativa de corte realista estalla en una verdadera exhibición de atrocidades –por parafrasear a J.G.Ballard– de tintes burroughsianos, que eleva considerablemente al libro y aporta sus momentos más brillantes. Un elemento de especial interés para pensar un poco más en el diálogo entre las literaturas uruguaya y argentina más recientes: el acápite de La masacre de Reed College está tomado de Portland, la novela de Alejandro Ferreiro.
También en 2013 fue publicado el último compilado de cuentos de Patricio Pron, rosarino residente en Madrid. Pron es, sin lugar a dudas, uno de los tres o cuatro escritores menores de cuarenta años más importantes de habla hispana, y su último libro –La vida interior de las plantas de interior, publicado por Random House Mondadori– confirma una vez más su buen hacer. Entre los relatos que incluye vale la pena destacar “Un jodido día perfecto sobre la Tierra” y el inquietante y sutil “Diez mil hombres”, así como también “La cosecha”, quizá el mejor del libro, que detalla con resonancias bolañianas el destino final de un actor porno portador del virus del HIV.
También en Mondadori aparecieron dos títulos ineludibles: la reedición de El congreso de literatura y la compilación Relatos reunidos, ambos libros de César Aira. El congreso… está entre las novelas esenciales de su autor y Relatos… permite acceder a un buen número de textos dispersos por editoriales pequeñas y cartoneras (por ejemplo “Mil gotas”, que acá en Montevideo fue publicado por La Propia Cartonera).

Córdoba presente
La mencionada proliferación editorial alcanzó también a la ciudad de Córdoba. Por ejemplo, la editorial Caballo Negro –que en 2012 había lanzado Las ostras, una excelente novela de Martín Cristal– publicó Cada vez más cerca, un nuevo compilado de cuentos de Elvio Gandolfo, inéditos todos hecha la excepción de “Las negritas” –que integró en su momento Mujeres, editado en Montevideo por HUM. También la editorial Nudista –que había publicado en 2011 una deliciosa crónica de Juan Terranova, Diario de Córdoba, y en 2012 El loro que podía adivinar el futuro, compilado de cuentos de Luciano Lamberti– amplió su catálogo en 2013, con la publicación de seis nuevos títulos.
Vale la pena destacar también el trabajo de la editorial Llantodemudo, una de las más importantes de Argentina en cuanto a historieta. A lo largo de 2013, por ejemplo, fueron publicados dos números de la revista Llantodemudo, que incluye poesía, narrativa e historieta, incluyendo el trabajo de historietistas como Federico Reggiani, Lauri Fernández y Diego Simone, narradores como Cezary Novek e Iván Wielikosielek y poetas como Andrés Nieva y Ricardo Roche.
En cualquier caso, la apuesta más fuerte de Llantodemudo durante 2013 fue el primer número de Palp, revista de géneros, publicación que propone un muestrario de relatos de ciencia ficción, terror, fantasy, western y policial. En su primera encarnación hay que destacar los aportes de Elvio Gandolfo, en particular el segundo de los relatos breves elegidos para este número de la revista, Martín Cristal, que propone un sugerente relato sobre una suerte de fin del mundo anunciado en los sueños de todos los habitantes del planeta, y Luciano Lamberti, con el inquietante “La canción que cantábamos todos los días”, aparecido originalmente en el ya mencionado volumen El loro que podía adivinar el futuro. Este primer número de Palp incluye también “Los predicadores”,  del uruguayo Rodolfo Santullo, relato ya aparecido por este lado del río en la muestra de narrativa Sobrenatural, de 2012.

Publicado en La Diaria el 27 de enero de 2014

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