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Cosecha Roja: update

Hace casi un año publiqué en La Diaria un artículo sobre la colección de ficción de crímenes (o novela policial, o novela negra) Cosecha Roja, de Estuario Editora. En ese momento la cuenta de libros llegaba hasta 15, con A veces tarda, casi nunca llega, de Pedro Peña. Hasta la fecha son dos las adiciones, y por eso empezamos el repaso updateado con...

17. La noche que no se repite, Pedro Peña. Peña es el autor más publicado en la colección, con la importante cuenta de cinco títulos. La noche... no es la mejor de sus novelas en Cosecha Roja, pero tampoco la peor, ni de Pedro ni de la colección. Es, en mi opinión, una novela ágil y fresca. Está llena de pequeños defectos o ingenuidades, pero también es más que apreciable su empuje, su fuerza. Mi reseña se pude leer acá.

16. Los trabajos del amor, Damián González Bertolino. Sin duda una de las mejores novelas de la colección. DGB cuenta esta historia de unos críminales de poca monta que deben llevar un cadáver a un apartamento en diálogo permanente con el cine policial y de acción, además de con la tradición más canónica del siglo de oro español. En cuanto a su prosa y sus recursos es probablemente el libro más rico de Cosecha Roja, y, en mi opinión, el mejor trabajo de su autor. Mi reseña, acá.

15. A veces tarda, casi nunca llega, Pedro Peña. Esta cuarta entrega de la saga de Agustín Flores, periodista devenido detective, podría pensarse como el paseo definitivo de su protagonista por el lado oscuro. Es, quizá, de los cuatro libros de esa serie el que más gana leído junto a los que lo preceden, en tanto su principal interés es el proceso de ese personaje. Mi reseña, acá.

14. Matufia, Rodolfo Santullo. Si Los trabajos del amor era tanto una de las mejores novelas de la colección como el trabajo más logrado de su autor, acá pasa lo mismo. Otros libros de Santullo, siempre bien logrados en cuanto a la exposición de la trama y a la intertextualidad con el género, dan algo así como un gusto a cuento largo. Matufia, en cambio, se mueve y respira como una novela. Pensada originalmente como una crónica, después como un guión de cine y finalmente como una novela, este libro retiene un aire a non-fiction novel, por más que los nombres de los implicados en el crimen (un atentado contra la vida de un periodista deportivo) estén cambiados. Ese, de hecho, es otro elemento de interés de Matufia, un libro singular en el paisaje de la nueva narrativa uruguaya.

13. El combatiente, Renzo Rossello. Su autor es siempre un narrador efectivo, y en esta colección publicó Trampa para ángeles de barro, uno de los mejores policiales escritos por un uruguayo, pero acá no encontró su mejor momento. Quizá su trama adolezca de cierta simpleza, quizá su mensaje (antiguos tupamaros ayudan a una damisela en problemas contra un maligno ex militar) sea maniqueo y simple, pero de todas formas Rossello pasa la prueba de mantener el interés del lector. Mi reseña, acá.

12. Montevideo Street, Eduardo Pérez Vázquez. Seguramente el principal o único interés de este libro (que podría ser el comienzo de una saga) sea su escenografía y algunos climas más o menos bien logrados. Se trata, sin embargo, de la primera novela publicada de su autor, y eso se nota, sobre todo en cuanto a cierta torpeza en la prosa que molesta un poco aquí y allá, por no decir en todas partes. Eso, de todas formas, no malogra del todo la experiencia de lectura, si el lector se arma de paciencia y buenas intenciones. No será el mejor libro de la colección, pero tampoco es el peor.

11. Sultanes del ritmo, Leonardo Oyola. Poderosos cuentos del autor de Kryptonita. En general todos rinden, pero hay dos ("Animétal" y "Oxidado") que son pequeñas joyas de la cuentística rioplatense más reciente.

10. Barro y rubí, Hugo Fontana. De lo más flojo de la colección. Quizá su autor pretendió reírse del género con una parodia burlona, pero ni siquiera logró que tuviera gracia. Hay una continua chupada de medias a la tradición literaria más canónica -la resolución de un "misterio" incluso pasa por decodificar una particularmente obvia referencia a Borges, y cada capítulo está precedido por una cita de Pietro Aretino y sus sonetos porno-, pero cuando esto sucede con alusiones al alcance de cualquier escolar el valor del gesto queda bajo tierra. Desprovista del armazón intertextual (que no vale nada), el asunto policial del libro queda expuesto como una gran tontería.

9. Un monstruo de mil cabezas, Laura Santullo. Relato ágil, presentado con eficacia. Hace pensar ante todo en una película, pero por sus elementos de crítica social se convierte en un libro especialmente interesante en el contexto de la colección.

8. En negro y negro, Fernández de Palleja. Si bien algunos de los relatos que lo integran parecen desganados o carentes de vitalidad, En negro y negro incluye al menos dos cuentos que valen la pena. Se trata de “Asesinato en el Pueblo Oriental” y “La carta de Ystad”, dos de los momentos más notoriamente intertextuales de la colección, hasta el punto que se vuelven algo así como ejercicios narrativos -y bien resueltos- de lectura de la tradición policial.

7. Tampoco es el fin del mundo, Pedro Peña. Quizá la mejor novela de su autor y sin duda -junto a Matufia, Los trabajos del amor y Trampa para ángeles de barro- uno de los momentos más altos de la colección. Tercera entrega de la saga de Agustín Flores, con una muy destacable construcción de la vida en las cárceles. Mi reseña, acá.

6. No siempre las carga el diablo, Pedro Peña. Curiosamente, la mejor novela de su autor queda precedida por la peor. Da la sensación de un libro con mínimo compromiso por parte de Peña, que intenta salir adelante con la mitad de su atención en la escritura. No llega a lo peor de la colección -Barro y rubí sí lo hace- porque la escritura de Peña siempre retiene las virtudes de interesar al lector y entretener, incluso cuando su ambición lo lleva a proyectos más complejos -Mito y Eldor, asi como el  intrincado y potencialmente fascinante work in progress Los manuscritos de la montaña.

5. Aquel viejo tango, Martín Bentancor y Rodolfo Santullo. Un relato bien llevado por dos autores que logran amalgamarse sin fisuras. Es un título menor dentro de la colección, pero no por ello deja de ser recomendable. Santullo ha seguido su línea de profundización del género y Bentancor -el Juan José Saer canario- ha optado, desde entonces, por otros caminos.

4. Dos veces para siempre, Jérôme Timal. Sin dudas el peor de los libros de Cosecha Roja. Quizá la traducción tenga algo que ver, pero es dificil pensar que no hay responsabilidad en Timal por la torpeza, la ampulosidad y las recurrentes infelicidades de su texto. Fontana, al menos, demuestra tener una vaga noción de cómo unir palabras para formar oraciones. No puede decirse lo mismo de Timal. A la vez, su fracaso es, quizá, más honesto: quiso escribir un policial y falló estrepitosamente. Fontana, sin embargo, parece querer tomar el pelo a sus lectores con chistes infantiles, o hacerse el vivo con una mano deplorable de póker, para colmo mintiendo mal. Son los dos peores libros de la colección: los únicos que sólo cabría recomendar a viejos dictadores o ejecutivos de cadenas de televisión que cancelan series como Hannibal.

3. Ya nadie vive en ciertos lugares, Pedro Peña. Acá empiza la serie de Agustín Flores. Escrita más o menos al mismo tiempo que La noche que no se repite, esta novela muestra a un escritor que se arriesga a internarse en un género (previamente Peña había publicado Eldor, una colección de cuentos de ciencia ficción y fantasía que, en su peor costado, resultaba demasiado tributaria de una ciencia ficción perimida, y, en su mejor, mostraba ambición y aciertos a la hora de acometer la creación de un mundo ficcional) y logra ofrecer un producto válido e interesante.

2. Trampa para ángeles de barro, Renzo Rossello. Dejando de lado los cuentos de Oyola, esta es la única (que yo sepa) reedición dentro de la colección Cosecha Roja. Un referente de la narrativa policial uruguaya, sin lugar a dudas. La prosa se vuelve un poco torpe en sus peores momentos, pero ese pequeño defecto no logra empañar en lo más mínimo las virtudes del libro.

1. Sobres papel manila, Rodolfo Santullo. Santullo es el más importante y consecuente de los cultores más recientes del policial en Uruguay, y es por tanto lógico que una colección que se propone ofrecer lo más nuevo de este género en ete país comience con un texto suyo. No es su mejor novela pero su narrativa es sólida; como ya ha sido dicho, podría pensársela como un cuento largo.

No me parece que valga la pena listar los libros de acuerdo al orden de mis preferencias. Quedó claro, de todas formas, que en mi opinión los mejor de la colección está en Trampa para ángeles de barro, Matufia, A veces tarda, casi nunca llega, Tampoco es el fin del mundo y Sultanes del ritmo, a la vez que lo peor aparece en los libros de Fontana y Timal.

Sí vale la pena mencionar el distintivo arte de tapa de la colección, a cargo de Matías Bergara en versión diríase minimalista. Algunas de sus portadas más memorables para Cosecha Roja, entonces, podrían ser las de A veces tarda, casi nunca llega, Montevideo Street, En negro y negro, Ya nadie vive en ciertos lugares y Trampa para ángeles de barro.

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